miércoles, 22 de julio de 2009

LO QUE SÉ DE PUBLICIDAD LO APRENDÍ EN LA IGLESIA (uno)

Hace algunos años escuché que uno de los gurús jóvenes de la publicidad, aquí en Guatemala, estaba planeando escribir un libro en el que "confesaba" que todo lo que sabía de publicidad, lo había aprendido de su abuelita. Así que yo quiero hablar de publicidad durante algunos días (para que no tengamos que leer un post kilométrico sino varios posts pequeños), pero con una idea clara: lo que yo sé de este negocio, no lo aprendí de mi abuelita, sino en la iglesia.

VARIEDAD
Dicen por ahí que el que mucho abarca, mucho falla. Bueno, no lo dicen así, pero esa es la idea.
En la iglesia nos hemos dado cuenta de que menos es más. Hacemos menos, para fallar menos. Hacemos menos, para lograr más.
De la misma forma, cuando una agencia ofrece más servicios, corre el peligro de volverse menos eficiente en cada uno de esos servicios y como puede ser que, si estás leyendo esto y trabajás en publicidad, estés pensando en el argumento de la "adaptabilidad", creo que cabe aclarar que "adaptarse" no es sinónimo de "fragmentarse".
Además, una fragmentación y pluriservilidad en una agencia de publicidad, puede dar como resultado una falta de visión: Ya no sabremos qué queremos ser. ¿La mejor agencia de publicidad, la más efectiva o la más creativa? ¿La agencia con el mejor espíritu o el equipo más unido? ¿La agencia con una abultada cartera de clientes o con menos clientes pero eficientes? ¿La agencia que se quema tratando de hacer miles de cosas o la que hace menos cosas y brilla en cada una de ellas? ¿Lo ven? El exceso de "variedad" puede significar, también, un exceso de peligros.

Entonces, una idea que quizá vale la pena explorar (pero que ninguna agencia se atreverá, estoy seguro y no los culpo) sería: Hacer menos, para fallar menos.

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